Se inaugura en la UPC el primer túnel acústico en Europa para investigar cómo recuperar el equilibrio de los océanos

El equipamiento científico, con una capacidad de 150.000 litros, reproduce el entorno natural del mar.

El Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) inaugura, en su sede en el puerto de Vilanova i la Geltrú, el primer túnel acústico de uso no militar destinado a estudiar el impacto sonoro de la actividad humana en los ecosistemas marinos y a recuperar el equilibrio acústico natural en los océanos. La nueva infraestructura supondrá un gran avance en los proyectos que el LAB lleva a cabo a través de una red internacional de sensores instalada en el Ártico, en el Amazonas y en Japón, entre otras zonas.

El Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB), vinculado a la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Vilanova i la Geltrú (EPSEVG), es el primer centro científico de control de ruido oceánico a nivel mundial y está reconocido internacionalmente por su labor en el estudio del impacto de la contaminación acústica en los animales. El túnel acústico, con una capacidad de más de 150.000 litros, simula las condiciones del océano, de manera que permite a los investigadores recrear a escala de laboratorio lo que pasa en el entorno marino, sin necesidad de trasladarse a las zonas de estudio para testar los instrumentos.

El acto de inauguración ha tenido lugar el 15 de junio, a las 12h, con una visita a las instalaciones por parte del rector de la UPC, Enric Fossas, que ha dado la bienvenida. Posteriormente, han intervenido Michel André, investigador y director del LAB; Frederic Vilà, director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Vilanova i la Geltrú (EPSEVG), y la alcaldesa de Vilanova i la Geltrú, Neus Lloveras, encargada del cierre del acto.

Del Ebro al Amazonas

El tanque supone un avance clave para los proyectos de investigación de este laboratorio, dirigidos por Michel André, ya que permite testar y calibrar de manera fiel el equipamiento técnico antes de trasladarlo a las zonas de estudio. Uno de estos proyectos se lleva a cabo en el Amazonas y está centrado en la conservación de los delfines rosados, actualmente amenazados por las actividades humanas. El despliegue de sensores acústicos “inteligentes” en el río y en la selva, cuando estos están sumergidos, permite monitorizar los movimientos de los mamíferos marinos, entender su distribución y alertar de las amenazas que se acercan a sus poblaciones. El proyecto consiste en establecer una red de estaciones acústicas capaces de registrar y analizar datos acústicos en tiempo real y transmitirlos a los servidores del LAB, instalados en Vilanova i la Geltrú. Esta red consta, desde julio del 2015, de cuatro estaciones acústicas y en el futuro dispondrá de decenas. Según Michel André: “esta tecnología permite calibrar los sensores, que son como oídos inteligentes que registran los sonidos acústicos de los fondos marinos, y alertar del peligro de la contaminación acústica en la vida de los animales marinos”.

El estudio de la plaga del caracol manzana, una especie de invertebrado anfibio que ha proliferado en el Delta del Ebro y que es nocivo para los campos de arroz de la zona, es otro de los proyectos en los que se utilizará el túnel acústico. En anteriores estudios, el LAB ha demostrado que la actividad humana en el mar provoca graves lesiones auditivas en los cefalópodos, ya que utilizan la información sonora para comer y reproducirse. En esta línea, ha estudiado y demostrado que la sensibilidad en la exposición sonora del caracol manzana es similar a la de los cefalópodos, dado que también son animales invertebrados y disponen de los mismos órganos sensoriales responsables del equilibrio y la posición.

Aprovechando estos datos, “el LAB puede contribuir a eliminar la plaga en el Delta exponiendo al animal invasor a niveles de sonido adecuados que no le permitan la vida en la zona, ya que les incapacitaría no pudiendo alimentarse ni reproducirse”, explica Michel André. Mediante el uso del túnel acústico podrán determinar la combinación de parámetros, como el tiempo de exposición, la amplitud y las frecuencias de sonido, que permitan eliminar la plaga sin dañar el resto del ecosistema.

Este proyecto puede significar también un avance internacional, ya que el caracol manzana, que se importó en Asia como alimento, es una plaga en Taiwán y Japón, y se ha demostrado que su consumo puede causar, incluso, enfermedades.

Limitar los efectos negativos en los animales marinos derivados de la construcción de parques eólicos en Japón es el objetivo de otro de los proyectos clave del LAB. Actualmente, a raíz del accidente nuclear de Fukushima, el gobierno japonés está apostando por las energías renovables como alternativa a la energía nuclear y, en concreto, para los parques eólicos marinos.

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En el proceso de construcción de los molinos, se introducen cargas acústicas de alta intensidad que afectan a la fauna marina. El LAB detecta e identifica, en tiempo real, la presencia de especies animales sensibles al impacto acústico. Con esta tecnología y con la implantación de modelos de gestión de riesgos, el LAB contribuye a mitigar los efectos nocivos en los animales marinos. Igualmente, el estudio para combatir los parásitos que afectan al salmón en Noruega es otra de las líneas de investigación del LAB con la nueva infraestructura científica.

Tecnología puntera en Europa

La nueva infraestructura, con unas dimensiones de 9m x 4m x 4m, está suspendida sobre soportes que la aíslan de las vibraciones transmitidas por el entorno, y sus paredes son absorbentes con tal de limitar la reflexión acústica (como en las cámaras anecoicas). El diseño y las características del túnel permiten simular el entorno natural del mar en cualquier condición y, por tanto, calibrar los sensores acústicos de acuerdo con las características de cada zona de estudio. Estos sensores se utilizan para registrar fuentes sonoras naturales, biológicas y artificiales.

Preparado para contener agua salada, este tanque está diseñado para experimentar los límites de tolerancia del ruido artificial de la fauna marina.

La instalación se ha financiado con Fondos FEDER del Ministerio de Economía y Competitividad y fondos propios del LAB.

Fuente: Universitat Politècnica de Catalunya